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Por Carlos Alfredo Ferreyra


“Somos el grupo Los Salieris de Charly, le robamos melodías a él”

León Gieco

“Mediocridad yo te bendigo, yo soy tu santo patrono”

Murray Abrahan interpretando a Antonio Salieri en el film Amadeus de Milos Forman


Introducción

Cuando me invitaron a participar del proyecto Imágenes Paganas, pensé inmediatamente que esta era una oportunidad única de dar a conocer la experiencia de un profesional del patrimonio y la historia en una zona verdaderamente periférica de la provincia de Córdoba: la Región de Ansenuza en el Noroeste provincial.

Tal como lo pide la convocatoria, en este trabajo pretendo exponer — a título personal — la experiencia en la gestión cultural en general y del patrimonio y los museos en particular, en una zona que es marginal y periférica en varios aspectos: la región de Ansenuza es un espacio de transición entre el norte histórico y la pampa gringa cordobesa; vinculada histórica, conceptual e identitariamente a las personas que viven entre los ríos Suquia, Xanaes y el Mar de Ansenuza o Mar Chiquita (que por su mismo nombre denota marginalidad), no tiene grandes centros urbanos (solo las ciudades de Arroyito y Morteros se destacan entre el resto de pueblos y villas), posee una riqueza cultural nunca explotada, de la cual las comunidades y las autoridades pocas veces dan cuenta y no existe ninguna tradición de mecenazgo personal o empresarial a proyectos culturales, menos aún si estos se refieren al patrimonio y los museos que sustentan la identidad de La Región.

Pero no son únicamente las anteriores razones que definen esta zona como periférica: también influye la ausencia de políticas públicas en cultura, la escasez de recursos humanos capacitados y la falta de un sentido de pertenencia a una región delimitada.

Si entendemos por “periferia” estar alrededor, no ser el centro pero depender de este; La Región de Ansenuza es como África en el esquema de Wallerstein. Es decir, es el perímetro de una ciudad (Córdoba Capital) ya definida como en la periferia cultural.

Si entendemos “marginalidad” como estar al margen de los acontecimientos y de los procesos, como ser poco visibles en un contexto determinado; esta región es marginal en lo cultural puesto que sus producciones y sus propuestas están marginadas de las grandes corrientes de la cultura contemporánea. Nótese que en ningún momento hasta ahora hemos hablado de escasez de recursos económicos: la marginalidad y la periferia en esta región se manifiesta como una actitud desheredada y no por la falta de dinero o capital.

Así, se plantea la pregunta: ¿Es posible ser gestor cultural del patrimonio y los museos en ese contexto? ¿Se pueden crear y desarrollar proyectos de calidad en una zona marginal y periférica? ¿Cuánto influye nuestro trabajo en la vida de la gente de la zona? Nuestros proyectos, ¿son copias periféricas y marginales de otros proyectos mayores?

De allí la pertinencia del título de este trabajo: nuestra experiencia nos ubica como los periecos griegos (en la periferia, ni esclavos ni ciudadanos) y somos unos salieris de proyectos cordobeses (copias y adaptaciones).

En este ensayo trataremos de dar respuesta a estas preguntas en un sentido general y holístico, a través del relato de nuestra experiencia en la región.


Gestión Periférica del Patrimonio Modesto

La Región de Ansenuza cuenta con un rico patrimonio muchas veces despreciado por su condición de modesto: estaciones de trenes, capillas y templos, construcciones domésticas y algunas obras de ingeniería se incluyen entre sus bienes arquitectónicos; gastronomía regional y fiestas populares, algunas leyenda y tradiciones populares y un tenue y superficial sentido de identidad (“Ni piamonteses ni criollos”, se oye decir). Todo ello ubicado en una región naturalmente pródiga en recursos paisajísticos: la Mar Chiquita o Mar de Ansenuza es una gigantesca laguna de agua salada, un humedal de características únicas, que nos contiene y nos da identidad desde lo natural pero que absorbe toda la atención patrimonial: con semejante bien natural, todos los bienes culturales quedan minimizados y rezagados.


Entonces, ¿cómo gestionar este patrimonio cultural modesto en una zona periférica y con toda la atención puesta en el recurso natural?

La experiencia nos fue guiando por variados caminos, por la clásica prueba de ensayo y error y por la insistencia y la reincidencia. En primer lugar ha sido fundamental asumir nuestra condición de marginales, de periféricos; esto es crear proyectos que cuenten con objetivos realistas, utilicen al máximo los recursos humanos locales y tengan un fuerte impacto sociocomunitario. En esto fue clave la conceptualización del patrimonio local desde lo global, es decir pensando al patrimonio como algo “glocal”: por inmanencia, en el patrimonio local reside el ser humano global.

Y a la calidad de un proyecto le buscamos una “excelencia contextual”. Es decir, la excelencia de un proyecto con el patrimonio no está en que se parezca a los grandes y complejos proyectos patrimoniales europeos, sino en obtener los mayores logros con el uso racional y potenciado de los pocos recursos con que contamos. Tratando de ser lo más eficientes, eficaces y efectivos que podamos, evaluando los resultados y haciendo una crítica con ellos.

Además, hemos tenido que utilizar con mucho cuidado el concepto de visibilidad no sólo del patrimonio, sino también de nosotros mismos como gestores. En esa dirección tendieron todas las acciones de estar presentes en cuanto acto, actividad, evento o programa existiese que nombrara o vinculara -aunque más no fuese remotamente- al patrimonio cultural. Una vez conseguida la visibilidad adecuada es difícil que se programen actividades sin nuestra participación y sin considerar al patrimonio. Lo que va fuertemente vinculado a la “creación de demanda”: nadie sabe cuánta falta hace el patrimonio y cuán importante es si no se lo presenta como indispensable y como valioso; si no se hace dependiente a las autoridades de nuestros servicios profesionales como del cuidado de los bienes culturales heredados.

En cuanto al convencimiento de las autoridades, aprovechamos muchas veces las rivalidades existentes entre los pueblos de la zona: por lo general cuando alguna autoridad más permeable a nuestros reclamos actuaba en consecuencia, utilizábamos su ejemplo para instigar a algún intendente menos permeable.

La prensa regional fue nuestra gran aliada. En general, los medios gráficos, radiofónicos y televisivos de los pequeños pueblos están ávidos de información. Estas pequeñas localidades no siempre generan las noticias suficientes para llenar un espacio multimedial, por lo que siempre son bienvenidas las propuestas de difusión de nuestros proyectos. Para ello se plantea una alianza estratégica con la prensa; lo que implica una gran responsabilidad y vocación: los medios son muy demandantes y exigentes. Si queremos que nos respondan debemos responderles también cuando requieren nuestra ayuda. En los últimos años cada uno de los pueblitos, por más pequeños que sean, tienen al día sus servicios de Internet: de más está decir que la Web es una herramienta fundamental, sobre todo para el contacto con los sectores más jóvenes, y en este aspecto debemos estar siempre actualizados y prever el futuro, que no está en el monitor de la PC sino en lo que se llama “la tercer pantalla” (celulares, telefonía móvil).

Finalmente, otra herramienta utilizada para lograr el éxito en la gestión del patrimonio fue la institucionalización, tal como nos lo recuerdan Ander Egg y Olmos, si deseamos la continuidad de los proyectos, si valoramos realmente nuestro trabajo y si apostamos al futuro, la creación formal y real de instituciones que velen por el patrimonio es clave. En este sentido, en la región existe la asociación civil Amigos del Patrimonio Histórico de Ansenuza, Suquia y Xanaes (A.P.H.A.). Institución que agrupa las voluntades de todas aquellas personas que de una u otra manera tienen interés por el patrimonio y hoy es un referente regional, una herramienta de presión, un aglutinador de valores comunes y un eficiente punto de concentración de información y documentación patrimonial. Como A.P.H.A. está federada a la Federación Argentina de Amigos de Museos (F.A.D.A.M.) y a la Federación Mundial de Amigos de Museos (W.F.F.M.) contamos, pues, con entidades que nos valoran y nos apoyan fuera de la región y llevamos nuestras experiencias a diversos foros donde nos enriquecemos en lo profesional y en lo dirigencial.


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En este contexto, ¿Qué resultados hemos obtenido?

Logramos que las autoridades civiles, eclesiásticas y comunitarias de la Región de Ansenuza tengan mucho más en cuenta al patrimonio que hace unos años. Se ha logrado que la prensa esté siempre atenta a esta problemática y que los gobernantes nos consulten permanentemente.

En lo práctico, se han realizado relevamientos y bases de datos del patrimonio arquitectónico, mapeo de los sitios arqueológicos, proyectos con instituciones educativas, folletos del patrimonio regional desde la perspectiva turística, publicación de catálogos temáticos del patrimonio, entre otros.

Claro que el hacer visible un patrimonio subvalorado y que se consideraba inexistente, no ha estado exento de problemas: ahora enfrentamos el tráfico ilícito y la reaparición de coleccionistas inescrupulosos que se llevan el patrimonio local a otras zonas o países.

No obstante la experiencia es positiva: coloca al patrimonio de una región en un lugar visible y hacer que los gestores profesionales sean demandados por sus conocimientos.


Los Museos: Actores privilegiados

No obstante, son los museos de la zona, los que más atención han demandado y los que más satisfacciones nos han dado. Hemos utilizado esas antiguas y prestigiosas instituciones occidentales que tan presentes están hoy en nuestras vidas, como las herramientas fundamentales para la elaboración, aplicación, desarrollo y gestión de proyectos de todo tipo: desde programas de conservación hasta proyectos educativos, desde planes de emergencia hasta sistemas de documentación. Al respecto, cabe decir, que en la región se ha creado la Red de Museos de Ansenuza, como un programa de A.P.H.A. que busca coordinar sus acciones, promover el intercambio de experiencias, normalizar y estandarizar algunos aspectos técnicos y buscar establecer relaciones maduras y horizontales entre entidades similares.


La Red de Museos de Ansenuza agrupa a 25 museos, los cuales son:


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A nivel estadístico, a estos museos podemos agruparlos en las siguientes categorías:

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Como vemos hay una gran presencia de museos de historia local y de administración municipal; esto muestra claramente una preferencia temática y jurisdiccional digna de ser estudiada en otro trabajo.

La creación de esta red se basó en los principios filosóficos y de gestión de la Red de Museos de la Universidad Nacional de de Córdoba, cuyo ejemplo tomamos y adaptamos a nuestra realidad regional, valorando el aporte conceptual de Mirta Bonnin.

Entendimos a los museos en un sentido amplio, abarcativo, inclusivo y dinámico; lo que nos permitió desarrollar una visión a largo plazo y un modelo de gestión que resumimos en este cuadro:

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- En primer lugar tenemos el triangulo museológico, que integra un patrimonio (tanto los bienes culturales del museo, como el patrimonio no museable, el patrimonio familiar, los archivos fotográficos y documentales, los bienes inmateriales), un territorio (el edificio y su entorno circundante) y la comunidad (el público real y potencial del museo, los agentes y actores sociales).

- En segundo lugar tenemos el pentágono de los objetivos: pensamos en un museo que contribuya al desarrollo, que eleve la autoestima, que sea foro de discusión de la identidad, que promueva el arraigo a partir del conocimiento de la historia y el patrimonio del pueblo y que genere visibilidad, tanto para el transeúnte ocasional como para el visitante.

- Finalmente, el rectángulo de la gestión: para que un proyecto de este tipo sea exitoso es necesario que no solo el municipio participe, sino también la comunidad a partir de sus instituciones intermedias y de sus actores y agentes sociales, que se cuente con el aporte de profesionales en la materia y que las empresas locales y regionales se vinculen como patrocinantes.

A la definición clásica del ICOM “un museo es una institución permanente, al servicio de la sociedad y su desarrollo; que adquiere, conserva, comunica y exhibe — con fines educativos y de promoción social - testimonios del hombre y su entorno”, le agregamos que debe ser un permanente animador sociocultural. Los objetos son testimonio vivo de formas de adaptación de los diferentes grupos humanos a su entorno en determinados momentos, es decir que son patrimonio en tanto y en cuanto representan el desarrollo temporal y espacial de la comunidad.

Pensamos que la misión de todo museo es tutelar (rescatar, valorar, interpretar, presentar, gestionar y difundir) bienes culturales o naturales, que ayudan a comprender el pasado y el presente de una sociedad, para luego proyectar sobre ella información que ayude a reflexionar críticamente sobre nuestro destino como grupo humano con un pasado común.

Debemos agregar que creemos que un museo debe brindar a los ciudadanos un servicio público gratuito, que consiste en el rescate, la interpretación y la difusión de la memoria social de la comunidad; tanto para contribuir a la cohesión popular como para informar a los ocasionales visitantes y turistas. Tal como nos lo presenta Castilla, debemos considerar al museo como un espacio social donde el pasado que custodia, opera y dialoga con el presente para incluir, mediante técnicas propias de la museología y la educación, a un número cada vez mayor de públicos de toda índole.

También entendemos la accesibilidad no solo como la captación de una mayor y más diversa cantidad de visitantes, sino a que dichos visitantes puedan acceder a los contenidos del museo mediante una experiencia de real enriquecimiento y satisfacción.

Para tal fin, el museo debe ser pensado como un espacio de construcción de ciudadanía. Una institución — parafraseando a Castilla - consciente y responsable de su papel en la configuración de la comunidad. Un foro o lugar de conversación, intercambio y encuentro, de socialización y negociación de identidades, una puerta abierta hacia la investigación y la inspiración, un lugar de respeto a la diversidad y de intercambio cultural y social.

Así es que buscamos revertir la unidireccionalidad del mensaje del museo incorporando las interpretaciones y opiniones del público que las visita. El museo debe convertirse en un lugar donde se proponen lecturas, interpretaciones o visiones sin evadir la controversia.

El museo, en su concepción más contemporánea, — refiere Castilla - es un medio de comunicación colectiva y como tal, agente de la democratización de la cultura.

Por ello hemos propuesto que todos los museos de Ansenuza declaren explícitamente su misión, que refleje el entendimiento que la institución tiene respecto de su rol en el medio en el que está inserto. Definiendo nuestra misión podemos saber cuál es el aporte social que el museo realiza. En este sentido, la misión debe consignar el objetivo del servicio y a quiénes está dirigido.

En la práctica, un museo — cualquiera sea su tipología - no existe sin un guión conceptual; es decir, un relato, una historia que contar; los museos ya no exhiben como en el Renacimiento un cúmulo de objetos curiosos que nada nos enseñan, ni como en el Iluminismo en el que se trataba de exhibir todo el conocimiento acumulado hasta ese entonces en compartimientos estancos repletos de objetos.

Muy por el contrario, un museo se define hoy por su guión, sin uno no es museo, así como una película sin guión no es más que una sucesión de cuadros en movimiento (como el final de la película Cinema Paradiso, de Tornatore); nuestros museos deben contar una historia y en lo posible esa historia debe tener un guión conceptual consensuado entre todos los actores y agentes sociales, que supere los estrechos límites de la historia local, para que sus conceptos y esquemas teóricos puedan ser aplicados a otras situaciones, de esa manera se estaría logrando establecer un diálogo constructivo fructífero entre las diferentes historias de cada pueblo.

Lo que acabamos de exponer puede resultar redundante a todo aquel que esté vinculado a la gestión cultural y que reconoce los actuales lineamientos de la museología. Pero nosotros hemos intentado que ese pensamiento actual no transmute en museos irreconocibles para sus comunidades, sin base social y sin apoyo popular. Por ello tratamos de “glocalizar” los conceptos, sin olvidar que la realidad es dinámica y que la museología, como campo disciplinar, está en permanente construcción y debate.

Ahora bien, ¿qué efectos prácticos ha tenido para los museos de Ansenuza estas concepciones teóricas?

En primer lugar, casi todos los museos se la región están intentando elevar su nivel técnico y de estandarizarlo en base a parámetros regionales que nos permiten tener una perspectiva del avance en las tareas técnicas museísticas. En segundo lugar, hemos promovido la creación de imágenes corporativas que identifiquen la particularidad de cada institución, dentro de la generalidad de la historia y patrimonio zonal. Así, cada museo creó su isologotipo, definió su color de cabecera, su lema y sus piezas de comunicación prioritarias de acuerdo a la realidad periodística de cada localidad.

Finalmente, y este es quizás nuestro logro más manifiesto, conseguimos que las administraciones locales (o de quién dependa el museo), nombre a profesionales de la cultura, de las ciencias humanas o de la docencia a cargo como directivos. Nuestros museos se destacan en el panorama museológico del interior provincial por contar con gente joven a frente de los mismos: profesores, periodistas, gestores, investigadores, técnicos, con muy bajo promedio de edad están trabajando, desarrollando su profesión y utilizando a la institución como autopromoción de sus especialidades. La hermandad y fraternidad conseguida, la coordinación de acciones, el apoyo moral y hasta psicológico, el contar con un par cercano en lo geográfico, en lo generacional y en lo intelectual, son elementos que facilitan nuestra diaria lucha.


Conclusiones

Para concluir estas reflexiones, deseo hacer hincapié en que a pesar de los logros, queda mucho trabajo por hacer, y que a pesar de la visibilidad conseguida, nuestra tarea sigue siendo una lucha diaria. De ninguna manera hemos conseguido crear un paraíso cultural regional, pero logramos desarrollar nuestra profesión en una zona periférica y marginal, aceptando el ser periecos griegos y reconociendo que somos salieris de buenos ejemplos dignos de imitar.

La calidad de nuestra tarea reside en reconocer esto, en ser honestos intelectualmente, en creer y practicar la excelencia desde nuestro contexto, analizando seriamente el alcance y el impacto de nuestras propuestas y planes culturales; el grave error de considerar la gestión cultural un hobbies y una cosa de “loquitos” aislados ya lo hemos superado, logramos que nos consideren una profesión a la par de otras y creamos un mercado cultural en donde insertarnos; pero los desafíos continúan.

Por suerte allí están los historiadores actuales que han recuperado el peso histórico de los periecos griegos como protagonistas indispensables del la historia helena, y también están los músicos que han recuperado el valor de la música de Antonio Salieri, luego de su injusto olvido bicentenario.

…Y acá estamos nosotros en la periferia, trabajando por la cultura y el desarrollo, como el desafío diario de nuestra elección de vida…


Anexo

Fotografías

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