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Entrevista con Sonia Daniel y Leo ReyEditar


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Nota periodística, después de la reubicación [4]



¿Cómo empezaron con María Castaña?

Sonia- Nosotros empezamos el día que decidimos vivir del teatro. Al principio uno piensa que lo va hacer como actor… Pero nuestro concepto es teatrista. Es decir, armar nuestra vida laboral en función del teatro y venimos de una experiencia de autogestión a través de las artesanías. Era la única forma de seguir estudiando y no tener un trabajo fijo. Leo tiene experiencia previa, estudió publicidad y había hecho un camino en Buenos Aires por el lado de la televisión. Pero en cuanto al dúo, decidimos vivir de la artesanía. La primera experiencia de autogestión de a dos. Y un día nos dimos cuenta que queríamos vivir de esto.

Leo- Creo que la palabra gestión es muy nueva. Metiéndome de lleno en el tema, vengo haciendo gestión sin saber que lo era hace 30 años fáciles, abriendo teatros en Ciudad Evita, donde no había. O tratando de vivir de la profesión. Vivía de esto antes de conocer a Sonia. Hicimos todas las actividades relacionadas al teatro. También tratamos de abrir galerías como la que están frente al San Martín, nos pusimos frente a los talleres de Radio Nacional, con talleres culturales. Y mirá lo que son las vueltas de la vida que estamos a una cuadra, otra vez, de lo que fue el inicio de nuestra carrera. La radio como era un lugar político, si bien nosotros no tenemos nada que ver, dependíamos mucho del estado de ánimo del poder de turno. En ese momento estaba Mahárbiz y si soplaban en Buenos Aires podía llegar a caer él, y con él todos nosotros. Un día la invité a Sonia a almorzar y le pregunté si le gustaba esa casa. –Bueno-, le dije, —ahí vamos a poner María Castaña-. Nuestro primer teatro, se iba a llamar “La Merello”, en referencia a La Tita.

Sonia- Pero como experiencias previas antes de tener el espacio propio, armamos la productora de teatro donde habíamos analizado que el publico cautivo estaba en las escuelas y era un público que todavía no tenía la costumbre de ir al teatro.

Leo- Entonces tuvimos que llevar el teatro hacia la escuela.


En ese momento, ¿cómo pensaban que sería el lugar?

Leo- Tener un espacio era un sueño.

Sonia- Ese primer espacio tenía que ver con salir. Antes habíamos estado en Radio Nacional, llevando teatro a las escuelas, al Maipú, habíamos recorrido CPC y centros culturales de la ciudad. La idea era lograr una independencia real con nuestro espacio, tener donde dejar la escenografía, donde ensayar, donde mostrar tus producciones, ahí aparece la idea de alquilar una casa y armar nuestro propio teatro.

Leo- Ya contábamos con plataforma, capital, que era una cantidad de alumnos, 80 aproximadamente, que para nosotros eran muchos.

¿La idea de tener un espacio físico fue una derivación propia de un proyecto?

Sonia- Nosotros veníamos de trabajar seis años en Radio Nacional como docentes con alumnos que ya nos habían dicho que si nos íbamos a otro lado, nos acompañaban. Eso nos daba respaldo como para poder pagar el alquiler.

¿Cómo lo pensaban en ese momento en el marco del teatro independiente en Córdoba que tiene una entidad tan grande?

Leo- Fue muy arriesgado, no existía el Instituto Nacional del Teatro que aparece dos años después como el “salvador”, y se constituye en una ayuda. Sonia- Eran los alumnos y nada más. No existía el circuito de teatro independiente.

H- Y menos lo que a nosotros nos estábamos especializando en niños y adolescentes. En ese momento no había, era una mezcla, todos en el mismo taller. Y acá fue donde empezamos a separarlo, sin saberlo.


¿Hablan de funcionalidades para concluir en que entonces el circuito no estaba conformado y ahora sí?

Leo- Córdoba tiene un circuito muy fuerte. Cuando se abrió la sala, éramos pocos: Estaban la Cochera, La Luna y nosotros. Después se abrió el Cuenco y la Chacarita, y se empezó a dar el surgimiento de los espacios independientes. Sonia- Luego de esa época de trabajo intuitivo, aparecieron las revisiones. La primera fue cuando el INT empieza a pedir balances de funcionamiento de grupo y sala. Eso te hacia pensar, ver que habías hecho y que hacer en adelante. La experiencia más fuerte fue cuando sentimos que por trayectoria y otros factores desarrollados, estábamos en condiciones de establecernos en esta casa de la calle Lima. Se formó en la calle Lima una escuela que comenzó con 80 personas. Esos se fueron yendo, pero terminamos la escuela con 250 alumnos. Se transformó en una de las escuelas más grandes con teatro para niños, adolescentes y adultos. En Lima alquilábamos y siempre se habló de la idea de comprarla. Todos los cerámicos, las cañerías, el cableado era de mejor calidad porque se pensaba siempre como nuestra casa. Cuando se decide comprar la casa, porque la dueña todavía vivía, hicimos una fiesta para celebrarlo. Desgraciadamente esta mujer fallece y aparecen tres herederos, como siempre. Y ahí fue en un tire y afloje. Ahí ya veíamos perder nuestra posibilidad.

Sonia- Y perdiendo la casa también perdíamos el proyecto.

Leo- Pasó una cosa extraordinaria, son los vecinos de la zona los que salen en defensa. Y eso fue muy lindo, es la gente la que propone que continúe ahí una escuela de arte. Es ahí donde el Concejo Deliberante, llegando a elecciones a fin de año, declaran la casa patrimonio cultural y sujeta a expropiación. Entonces empieza otra negociación, otras formas. Que deriva en esto. Eso que empezó como una escuela lo toma la gente como propio. Voy a que trasciende el hecho de que es un teatro, pasa a ser de ellos, lo sienten propio. Inclusive los medios. Ahí empieza la lucha y la defensa que termina en esto.


¿Qué otros rasgos creen ustedes que ingresan en este término de independencia que siempre califica al teatro como una gran construcción? ¿Cuáles creen que son las posibilidades de ese término?

Sonia- Y yo creo que la independencia es poder elegir tu propio repertorio, decidir cuándo, cómo y dónde, vos te armás tu propia posición.

La periferia puede determinarse desde puntos de vistas. En esa relación entre el teatro independiente y la experiencia de ustedes. ¿Cómo creen que los posibilita?

Sonia- Te podríamos decir que es como del centro a la periferia. Porque cuando analizamos cuál iba a ser tu proyecto, a quien íbamos a convocar de acuerdo a la infraestructura y accesibilidad, era importante que el espacio fuera accesible desde el Centro para que pudiera llegar lo periférico.

Leo- María Castaña es el teatro que siempre trabajó en el Centro, porque el adolescente se mueve solo y hay que facilitarle la llegada.

Sonia- Entonces se crea dentro de la institución un entretejido social complejo: Recibimos gente de barrios bajos, que está becada y gente que vive en zonas residenciales. Actividades como la nuestra hacen que, en el momento de trabajar, se cree una igualdad en la que vos no sabes, ni te interesa, la condición social de quienes vienen.


¿Cómo ven ustedes al público ahora?

Sonia- estamos pasando una nueva etapa. No sabemos que va a pasar. Te lo podemos contestar en un mes.

Decían que en el 95 eran cuatro salas ¿Cómo se gestiona con la multiplicidad de propuestas existentes?

Sonia- Se potencia.

Leo- cuando a la calle Lima se muda Documenta y a una cuadra estaba Arlequino, un compañero medio en broma nos preguntaba qué íbamos a hacer porque teníamos la competencia en frente. Y no, se potencia. En el área de teatro, la red de salas surge por eso, la necesidad de potenciarse, de pensarse en colectivo. Después nos diferenciamos por estilo y formas.

Sonia- Cuando cerramos la sala de Lima, estábamos en un pico de espectadores. Atribuíamos eso al trabajo de tantos años y también a la solidaridad de la gente. Ahora hay una expectativa, nos preguntan por la programación mientras estamos en obras. Hay en el teatro un muy buen momento en cuanto a afluencia de público.


¿Cuáles fueron las gestiones que derivaron esta situación actual?

Sonia- Comunicando a la prensa lo que sucedía, en eso apareció gente que, de propia voluntad, hizo los petitorios, los abrazos simbólicos. O sea, poner la problemática del teatro en el lugar de las protestas populares. Ahí surge el proyecto que después se concreta de nombrar la casa patrimonio cultural. Eso era desde la municipalidad. Estamos hablando de tiempos políticos en los que Municipalidad y Provincia estaban totalmente enfrentadas. La Provincia, a través de Pablo Canedo, nos manda a llamar. Ellos compran la casa de calle Lima conjuntamente con el INT, el tema es que no era viable. Los dueños pensaban que iban a poder salvarse con el Estado, sobrevaluaron la casa. Pero nosotros ya teníamos una personalidad. Canedo nos ofrece una propiedad del gobierno, pero no completa, si no un sector porque había una dependencia del gobierno en esa casa nueva. Ahí ya tuvimos que explicar que la queríamos íntegra. Perdíamos identidad.

Leo- Nos mandaban al fondo. Con lo cual, nunca podríamos armar una sala de teatro porque no teníamos salida de emergencia y no cumpliríamos con ninguna norma de seguridad.

Sonia- Armamos un proyecto para explicar qué queríamos hacer con esta casa que estaba abandonada totalmente.

Leo- Los teatros independientes son muy importantes para el Estado porque le brindamos un servicio con el cual no cuenta. El Comedia se incendió, el Teatro Real es enorme pero está preparado para otras cosas. Desde ese lado los convencimos.

Sonia- ellos sí tenían en cuenta cuál había sido nuestro recorrido previo hasta llegar a este momento. Se había puesto en valor eso. Y nos hizo ponernos acorde a las circunstancias. No hubo presiones políticas, contrariamente a lo que muchos piensan. No fue tomado como acto político previo a elecciones. De todas formas, fuimos encontrando en cada área funcionarios sensibles que nos iban abriendo puertas.

Leo- Y sentir que estabas trabajando en un hilo muy delgado. El político es muy susceptible. Si hablaste con uno y después con el otro corrés riesgo que este se ofenda.

Sonia- Después de esta experiencia, hemos hablado con gente del juecismo, del delasotismo, etc. y nunca nadie nos dijo: “Bueno, esto. Pero a cambio de esto”. No nos pasó.


¿Cómo se vincularon con el Estado?

Leo- Yo creo que lo que nos enseñó a negociar, a hablar, es partir de saber qué podemos conseguir, qué necesitamos, sin ir a exigir.

Sonia- Recuerdo las palabras de Guillermo Era que fue muy claro cuando dijo que cuando uno entraba a una oficina de un funcionario o empresario, tiene que tener muy claro qué va a hablar porque tenés cinco minutos para expresarte.

¿Y con el sector privado?

Leo- Cuando quise ser actor en mi vida, tuve que tener una carrera también. Tenía que llevar otro título. Aparece publicidad, que recién empezaba. Hoy mis conocimientos son obsoletos. Pero cuando hubo que negociar con empresas apareció ese conocimiento de publicidad. De lo que había vivido en la universidad. La comercialización de venta publicitaria, el producto, verte como producto (que es lo difícil) y lo que vos como producto podés hacer. Se te hace fácil el juego y Sonia lo entendió enseguida. Publicidad es eso, empezar a sumar, que comprendan que están sumando y pueden llevarse un rédito. No teníamos nada y lo primero que hicimos fueron renders. Unos renders preciosos que hasta a mi me daban ganas de meterme en esos dibujos.

¿Cuáles son los límites al sumar socios?

Sonia- Concretamente, el trabajo nuestro fue que no hubo dinero en efectivo. Todas las empresas se sumaron a la construcción. Podés verla en la PAGINA WEB. Aportaban materiales. Tuvimos una propuesta que podía generarnos dinero pero estaba fuera del límite. Esto les puede pasar a muchas ONG. Nos quedamos con las cosas que nos dejan poner la cabeza en la almohada. Por ejemplo, trabajamos con niños y adolescentes, no voy a permitir que Marlboro ponga toda su folletería acá. Nos vinculamos con empresas de construcción, en el caso de Tersuave fue fácil por el perfil de la empresa.

Leo- En publicidad no hay clientes, hay amigos. Entonces ese amigo te sumaba otro. Una empresa te suma a otra y así.

Sonia- hasta los sponsors que buscábamos para obras estaban relacionados con la temática.

¿Cómo se contacta un sponsor?

Sonia- La forma más sencilla es a través de contactos cotidianos. Leo- Vamos a un ejemplo, se hizo Deliciosas Criaturas perfumadas. Entonces recurrimos a una empresa de perfume. Nos acompaño en regalo para prensa, para los espectadores, te acompañaban en folletería. Asociar la idea de cosméticos a la obra de teatro.

Leo- Más insólito cuando conseguimos que una distribuidora nos ayudara con botellas de tequila para regalar como souvenir a la prensa, la gente que venía.

Sonia- Uno como gestor cultural tiene que poner muy bien en valor el capital social. Porque ese es el que te va a vincular también con el sector privado. Vos empezás a indagar y creas los nexos para que cuando llegues a presentar tu propuesta. Tiene mucho que ver también cómo te identifican, cómo te conocieron. Es muy difícil que esto lo lográramos al principio de la historia. Ya habíamos pagado el derecho a piso, teníamos cierto grado de reconocimiento.

¿Cómo ayuda la figura de fundación al momento de gestionar donaciones?

Sonia- Cuando surgió el concepto de gestión a fines de los 90, alguien dijo la frase clave: nadie te da nada a titulo personal, salvo que seas Marta Minujín. Yo creo que muchos sectores sociales se configuraron en torno a las personerías porque te dan respaldo. Te da identidad social, te pone ideológicamente en un lugar. Somos una fundación y tenemos las actividades propias de una fundación. Eso te da respaldo a la hora de funcionar. Aunque hay que ser muy cuidadoso.

Desde los noventa, todo el tiempo generacional. En el 95 armamos María Castaña pero recién nos constituimos como fundación en el 2004. Fue todo un proceso de gestación y formación de la idea. Para mí fue como sacarle un documento de identidad al trabajo esa personería jurídica.

No son sólo una sala –se definen como Centro de Producción, promoción y difusión artística- una propuesta que excede la exhibición de obras teatro. ¿Cómo se lleva conceptualmente la propuesta, que implica tantas actividades?

Leo- Sumando compañeros. Primero, reconocerse que uno no puede hacer todo. La sumamos a Sonia como curadora de la casa. Ahora abren tres expositores la galería de arte, sumando a David Beltrán en biblioteca. Todo, desde quien va a estar en boletería. Se mantiene gracias al esfuerzo de muchos compañeros. Por ejemplo Bruno y Belén en la gráfica y la imagen institucional. Daniela que hace prensa y difusión. Sonia- Se van desarrollando proyectos que el grupo de gestión va presentando y se van...

Leo- A modo de ejemplo, cuando vinimos acá nos daban un espacio atrás y adelante una oficina muy chiquita en mal estado. Los que estaban ahí eran los de derechos humanos, estaban donados. Cuando empezamos a pelear no sólo por el espacio de acá sino también para esa gente, para que se fueran a una oficina como la gente. Se consiguió una oficina para ellos. Ahí nos dimos cuenta que esa situación que casi nos enfrenta (nosotros éramos los invasores), podía ser una oportunidad para trabajar en conjunto. Eso no quedó en un tintero. El otro día nos fuimos, nos sentamos bien. Ahora pensamos en qué vamos a encarar el año que viene, ellos y nosotros juntos. En una hora de charla de café surgieron cinco o seis proyectos.

Sonia- Para redondear la idea, creo que en estas actividades hay que tener en claro quien comanda. Porque si bien son organización de tipo cooperativas, si realmente tuviéramos que estar todos para tomar todas las decisiones, no podríamos avanzar. Cada uno se carga lo que puede al hombro. Hay un organigrama, hay un orden natural que está muy claro. Nosotros que fuimos los mentores sabemos que somos los que tenemos a cargo la cuestión económica. Lo administrativo y no podemos trasladarla a todos.

En ese momento es necesaria una clara organización y definición de funciones y roles...

Sonia- Y tener en claro dónde están los hilos más delgados. Las cosas se cortan desde lo económico y desde la capacidad de trabajo que vos le pongas. Con cada uno de los integrantes de este grupo de trabajo, nosotros que somos los que llevamos adelante el barco, sabemos qué y cuánto puede hacer cada uno. Para no sobre exigir, no mezclar roles, para que sea… Que se yo, hay gente que está vinculada pero A no se contacta nunca con Z porque están en el mismo lugar pero hacen cosas diferentes. Pero todos están pechando para el mismo lado. Acá hay mucho trabajo voluntario, así que tampoco podés exigir que vengan, que estén las 24 horas del día acá y además, porque para afuera tiene que haber referentes.

¿En qué creen que se modificarán los modos de hacer en el nuevo espacio?

Sonia- Algunas cosas empezaron a aparecer. A la otra organización la vemos doméstica al lado de esta. Se sumó gente que por ahí en el otro no tenía cabida. Tener una galería de arte no era posible por el espacio, al igual que la biblioteca. Nos da la sensación que ahora nos animamos a más cosas. Como que hicimos el salto en alto.(risas)

Leo- Cuesta mucho llegar a definir en este momento porque constantemente me está sorprendiendo y superando el lugar. Alguien te dice que la sala va a quedar de tal forma, pero cuando lo empezás a ver te va cambiando. Porque si tenés esto, podés hacer eso otro. Se transformó el sueño de la cajita que sin la ayuda de estos otros compañeros no podríamos llevar adelante. Y pensar en el sueño llevado a la realidad del artista. Trabajar para el soberano. Soberano le llamamos al público. Esa persona venga, se sienta cómoda, tenga lugar para leer, tomar café, informarse, ver un cuadro, estar en una conferencia, con toda la comodidad del mundo. Pensamos en el público y nos está llevando a rompernos la cabeza para ver cómo hacemos para estar a altura.

Sonia- Nosotros nos estamos exigiendo mucho. No nos conformemos. Si bien para lo que fueron nuestros presupuestos anteriores, nunca habíamos manejado tanta plata junta, es poca en relación al proyecto que estamos haciendo. También porque nos metimos sin escatimar. Nuestra frase de cabecera es “Un esfuercito más”. El vendió el auto, por ejemplo y esa plata en algún momento volverá. Un montón de compañeros aportan y cuando podamos lo devolveremos. Así la vamos remando. Es la crisis la que te lleva a gestionar rompiéndote la cabeza y llegando más allá de lo que creías que podías hacer. Por ejemplo, conseguimos un crédito de materiales de construcción en diciembre del año pasado. Era de 10.000 pesos. Pero cuando llegamos al momento en que te dan una tarjeta de crédito que te otorgan una serie de empresas. Cuando estábamos haciendo la compra ya no eran 10.000, eran 12 mil. Así que hicimos el empujoncito que nos abrieran el margen a doce. Y ya pagamos. Ahora estamos viendo si nos dan otro. Son cosas que si vos estuvieras en una posición más cómoda no considerarías. En muchos momentos de la gestión nosotros dijimos de dedicarnos a muchas líneas de acción. No solamente el estado, o nosotros, o los particulares. Ir sumando, estar abiertos. Una vez vino una empresa de óptica a ofrecer ayuda. Lo único que tenían era un local para desarmar. Si lo empacábamos al local y veíamos lo que tenían, nos podíamos llevar lo que quisiéramos. Y fuimos a ver. Los escritores esos son de la óptica, vidrios, tabiquería.

¿Cómo se maneja la exposición del problema públicamente?

Sonia- Yo escuché a muchos compañeros en el ámbito teatral decir que a quién le importa. Refiriéndose a una problemática en general. Y no, sí importa. No dejamos de ser una cosa menor, en el sentido de que no todas las políticas del estado están puestas en la cultura. Pero hay algunos indicativos. Te pueden gustar o no, pero con Canedo en la Agencia Cba cultura hubo una política de instalación de espacios culturales. Después se puede discutir si fue para todos o no. A la gente le importa, hay grietas por donde llegar.

Habrá que esperar el estreno...

Leo- Después del once nos contás Quiero terminarte con esto. Lo decía Atahualpa Del Cioppo, dramaturgo y director uruguayo: No hay teatro si no hay hombres capaces de integrar a su desarrollo artístico, la capacidad física y organizativa para construir la infraestructura de esa actividad. Y no hay teatro si en la calle no hay mucha gente capaz de reconocerle a una institución una representatividad artística y social que la haga digna de ser apoyada. Yo creo que fue eso lo que pasó, es decir, la gente encontró en la institución y se vio reflejada.

Sonia- fueron las palabras, el manifiesto.

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