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La Wiki de Gestión Cultural

Un mapa

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Por Anibal Buede



Cada vez que alguien me invita a escribir acerca de la gestión y todo eso, me pongo a pensar en el instante fundacional…

¿Por qué alguien abre un espacio destinado a promover la cultura?…

¿Por qué alguien hace de buen samaritano y propone dedicar su vida a promover acciones culturales de artistas jóvenes o no tan jóvenes?...

¿Qué cosa pasa por esas cabecitas en esos momentos tan vitales?...

¿Dinero? ¿Fama? ¿Posicionamiento político?

Otra opción es que se piensen como la reencarnación de la madre Teresa de Calcuta... Objetivos muy nobles todos y sumamente respetables (lo digo en serio).

Objetivosobjetivosobjetivos…

Según nos enseñaron, un buen proyecto debe contar con objetivos claros. Claro.

Generalmente si cumplen con las recetas establecidas, esos objetivos, en mayor o menor medida, se concretan.

Entonces, para cumplir con ellos nos proponemos otros… y a estos sí, los explicitamos, para que toda la aldea sepa cuando los cumplimos, que nuestra tarea es encomiable, y que somos buenos gestores y tenemos excelentes ideas…

Y claro, los cumplimos.

Y le contamos a papá monarca lo bien que estamos haciendo las cosas, que nos puede seguir mandando la cajita, que la colonización sigue saludable y que aquí, en este lugar del mundo todavía hay gente que sigue comprando espejitos…

Y desde el mismo aquel instante fundacional arrasamos con los deseos, con los nuestros… total, qué importan los deseos, importan los objetivos.

Pienso en lo que pasaría en esta ciudad si solo funcionáramos a partir de nuestros deseos… deseos impuros, contaminados… políticamente.

Sin la menor posibilidad de éxito ni de fracaso. Sólo el tránsito.

Imagino un territorio en el que asumamos al otro, otros que contienen sus propios deseos, y un mapa, de relaciones… ¿No sería eso “una escena”?

Sólo los deseos, y a partir de ellos… tomar decisiones… todo el tiempo. Pensar en el color de fondo de un paisaje que pintamos, en su marco dorado o negro como la noche, en montarlo en la pared o ubicarlo en el suelo, en circular por un lugar hostil o por otro amable, en iluminación puntual o en penumbra, en exponer en ese museo o en quemarlo…

Pensar y decidir… como si fuera poco. Y sí, entender estas decisiones, cada una de ellas, como un posicionamiento político.

Pienso en cómo sería esta ciudad y las otras si efectivamente sucediera. Pienso en ese instante fundacional y en los que lo siguen si efectivamente sucediera. Claro, es solo un ejercicio de imaginación. Puras hipótesis y ficciones. Alguna utopía. Puro deseo. Impuro. Ni una miserable receta.

Y de tanto imaginar y soñar, el tiempo y la noche van acelerando su paso. Necesito un café y un cigarrillo.

Miro alrededor y mis ojos se cruzan con una libreta de apuntes del deseo. Escritos varios, que artistas, curadores y gestores que circulan por Córdoba y el país han ofrecido generosamente a Casa 13*.

Se me ocurre una operación política (otra)… seleccionar, cortar, copiar, pegar… Y que los deseos se crucen en este terreno que comparto con ustedes. Decidir.


Lucas > … Los artistas no somos turistas. Viajar suele ser parte de nuestro trabajo. Y cuando viajamos tenemos la posibilidad de producir nuestra obra en “otro” lugar. Tenemos la posibilidad de corrernos de nuestra rutina temporal y espacial; quizás esto implique también corrimientos en nuestra manera de pensar y producir la obra. A veces parecemos turistas. Desarrollamos gran parte de nuestra actividad participando de diversas residencias y workshops en distintos lugares del mundo. Es posible encontrarnos en países lejanos proponiendo soluciones en torno a realidades sociales que apenas conocemos. Visitamos lugares donde lo distinto nos parece exótico y lo exótico corre riesgo de perder su esencia y convertirse en trofeo de nuestro viaje. Sucede también que algunas veces somos turistas en nuestro propio lugar de residencia. Viajar es hermoso aun cuando no sabemos si viajamos para producir o producimos para viajar. …


Lila > … Cruzarse es intercambiar mundos: ideas, acciones, proyectos, relaciones con el afuera del arte, funciones sociales, dinámicas de producción, de gestión, colaboración. Los modos de hacer del otro-artista nos sirven sobre todo, para comparar pensando en nosotros y entonces repensar nuestras decisiones y sus efectos. Habilita una salida del lugar de héroe romántico o víctima de la “ignorancia social”, hacia el de un agente social que tiene que dialogar. Aún cuando no nos entendamos en nada y ningún aspecto de aquel mundo del otro-artista nos resulte “mejor” al propio, el intercambio desnaturaliza nuestra posición endogámica y monologal. Nos corre del lugar central, nos ubica en un mapa donde puede haber muchos iguales que nosotros -otro golpe contemporáneo a nuestra originalidad, preguntándose las mismas cosas -aunque respondiéndose de modos diversos- y de quienes podemos aprender y eventualmente, potenciar nuestras respuestas. … El cruce también renueva las relaciones, introduciendo la mirada nueva de aquel que es ajeno a nuestro pequeño mundo de referencia: es distinta de la mirada joven, porque no es una mirada en adoctrinamiento, sino una mirada con experiencia, pero desvinculada de compromisos e influencias “locales”. …


Gerardo > … Asimismo, es importante volver la mirada hacia el lugar de uno, como artista, para indagar de qué modo o bajo qué modelos estamos produciendo. A menudo, las obras se planifican teniendo como referencia contextos de producción, mucho más favorables que el nuestro. No se trata de resignar niveles de calidad, ni de resignación en ningún otro plano, sino de poder desarrollar estrategias que estando en consonancia con el medio, nos liberen de ciertas frustraciones y faciliten la realización de nuestros proyectos. …


Mariana > … Pensar la historia desde una perspectiva limitadora es también una opción, no se sigue de la evidencia de su construcción su destrucción radical. Por el contrario, la reflexión acerca del modo en que naturalmente estas historias inventadas se apropian de nosotros puede convertirse en un posibilitador de nuevas historias. En este sentido reinventar la historia del arte puede tornarse un juego creativo que posibilite ampliar los límites de los criterios establecidos y salir de los esquemas impuesto por el lenguaje naturalizado de los relatos históricos: que reducen el arte a la historia de estilos, de premios, de salones, de museos y de éxito, que ciñen el arte a un relato lineal descripto en un orden que va de la causa al efecto entre pasado y futuro. Ir contra la edificación del canon no es poca cosa, es demasiado si consideramos que los términos en que se construyen estos relatos no son sólo conceptos que hay que remplazar con otros más adecuados, principalmente son artefactos y tienen formas materiales específicas: son instrumentos, esto ya lo sabía Duchamp cuando puso su urinario en un museo, las ideas son artefactos1. Muchas de las prácticas del arte contemporáneo como por ejemplo “las planillas”, “los formularios”, “los CV” que se confeccionan para la convocatoria a un premio o a una beca son como el telescopio de un astrónomo: el reducto por donde se mira. Estos “instrumentos - planillas” son como las retículas en el renacimiento; determinan a priori las ideas, son un espacio simbólico predeterminado. Estas planillas no son neutras, están cargadas de conceptos: son estructuras metodológicas que configuran modos de pensamiento. Al igual que en el renacimiento son un velo mediador entre el artista y “algún” mundo. La paradoja reside en la transposición de modelos históricos clásicos a prácticas contemporáneas; los mismos términos que definían la historiografía canónica como claridad, linealidad, legibilidad, prolijidad y factibilidad, entre otros, son traducibles a los requisitos que constituyen las bases de legitimación. El modo en que narramos el arte contemporáneo se constituye como un relato interno que considera diferentes dimensiones de las prácticas artísticas, el límite lingüístico de estos relatos va desde el lenguaje científico al poético o ambos a la vez. Seguir usando términos como generación, antecedente, referente, progreso es seguir utilizando retículas. Quizás la propuesta no sea desterrarlos del lenguaje, sino más bien analizarlos, cuestionarlos, ponerlos en duda, no situar estos conceptos en el centro de la construcción de la historia. Creo que configuramos historias con un fin distinto al de crear un artefacto cuantitativo más bien lo hacemos porque la creación de discurso, pensamiento y oralidad en relación al arte, nos permite ampliar el horizonte, por lo menos utópicamente, hacia diversos mundos posibles y creables. …


Federico > … Yo he visto una obra de arte mínimal pisoteada por su público. Era el tercer día de lluvia de la semana, los museos eran gratuitos y estaban atestados y la obra consistía sólo en unas planchas de aluminio horizontales sobre el suelo. Las paredes de la sala eran blancas inmaculadas y la muchedumbre impedía tomar la suficiente distancia como para ver que “eso” en el piso era “la obra”. Habrán pensado que la sala estaba vacía. Dulces niñas rubias, de la mano de su madre, caminaron por sobre las planchas y dejaron impresas las huellas de sus botas de gomas amarillas. Iban en busca de la próxima sala, donde era más claro qué había que mirar. Vino un guardia. Retó a las niñas, retó a sus madres. Llamó al personal de limpieza y con un lampazo húmedo, le pasaron el piso a la obra minimalista. Dos entidades entraban en conflicto: un público no habituado al mundo del arte y una obra creada pensando en un público demasiado habituado al mundo del arte. Buena parte del arte contemporáneo se constituye a partir del diálogo con el propio sistema del arte. Es autoreferencial, intramuros, endogámico. Una estética se vuelve ideología en tanto responde a otras estéticas, las reasume, las denosta, las ataca, las actualiza. Y si bien ciertos aspectos de algunas obras apelan a la sensibilidad/sensacionalidad básica de su público, muchos otros aspectos requieren, para poder ser apreciados en su totalidad, el manejo de determinados “conceptos”. Así, la historia del arte se vuelve mapeo de referencias para poder entender una parte de ese todo. …


Ana Sol > ... El desencanto en los artistas es igual de espontáneo que el desgarro en los futbolistas. Parece lógico que después de los 35 los artistas empiecen a retirarse. Normalmente se convierten en algo así como curadores, gestores culturales o personalidades. Parecido a lo que ocurre con los futbolistas también. Se tornan algo más insensibles al dolor (intenso o no tanto) que podría causarles una lesión. Y pensando un poco en eso apareció esta idea de no estar jugando el partido cuando los DTs vengan a elegir equipo. O incluso de jugar un rato, hasta empezar el segundo tiempo tal vez, pero después salir corriendo. ¿Tendría sentido la performance si ya no hubiera nadie que padeciera lesiones? ¿Sería mejor para la hinchada tener la posibilidad de dejar de ser hinchada de un día para el otro? ¿No sería divertido ver cómo caen instituciones del tamaño del Libro de Pases? Por mucho que insistan, a los jugadores de fútbol no se les admitirá revolucionar la vida por deporte. …


Gabriela > … Todo cambia pero nada puede detenerse. Estamos metidos hasta el cuello en esto por convicción y obstinación, porque cada vez que estamos perdidos aparece alguien que lee el garabato aparentemente incomprensible que escribimos como si fuera la letra más clara escrita en la tierra. En ese momento duplicamos la apuesta. La imagen de esta foto es un movimiento, una silueta borrosa, las piernas de un niño que corre o los árboles vistos por el mismo niño acostado en el asiento trasero de un auto que se mueve. El movimiento nos obliga a acomodar la mirada, a invertir energía y a estar dispuestos a un permanente cambio de paisaje. … Personalmente creo que se puede sumar sin devorar y aportar sin diluirse. Fundamentalmente porque hay un más allá de estos proyectos, de la convicción que empuja el carro, y es necesario además de escribir la grafía propia sobre la superficie, leer las escrituras que ya están impresas por otros que pasaron antes. La cultura es un palimpsesto que hay que descifrar y para ello siempre es necesario el borde de una transparencia que expone aunque sea algo de lo que está escrito debajo. Me interesa particularmente esa superposición, y creo que el destino de los proyectos culturales en Córdoba mejoraría si muchos dejaran de intentar borrar lo que escriben otros. Córdoba tiene tantas voces que tenemos que aprender a convivir con el ruido hasta que podamos decodificar nuevamente las fuentes y con ello el sentido de lo que cada uno quiere decir. Creo que hay mucha gente diciendo muchas cosas, y que eso es lo que nos nutre. …


Pensar en ese mapa de deseos... Pensarnos. Repensarnos a partir de nuestro accionar político. Y dejar de comprar espejitos en los que solo vemos nuestra imagen.



* Nota: Casa 13 es una casa de artistas. Funciona desde 1993 en un espacio tomado a la Municipalidad de Córdoba.

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